Irán sin chador | Descubriendo Irán en 10 días con iMMa

Texto: iMMa B.

“Me ha tocado Irán”. Cuando me lo dijo, me dejó helada. Esa fue la primera vez que sentí a este país tan cerca. Ni Fer, ni yo lo habíamos escogido… ¿Irán? Ni siquiera sabía situarlo correctamente en el mapa. Lo primero que hice fue buscar cuantas horas de avión separaban Barcelona de Teherán.  Se acercaba un año difícil, miles de dudas me asaltaban, nos asaltaban. De esto hace más de un año ya…

Fueron pasando los meses y Fer se encargaba de narrarme todas sus aventuras como Quijote Persa, de hablarme sobre la cultura de Irán, el arte islámico, su gente y de acercarme a sus paisajes a través de las fotos que me enviaba. Este país tan desconocido y prejuzgado en muchas ocasiones, iba dibujándose en mi mente.

Poco a poco el proyecto fue tomando forma y finalmente se convirtió en un billete de avión. En miedos e inseguridades… ¿Iraq?, ¿Irán?, ¿No es peligroso? Eran las respuestas que en muchas ocasiones recibía al mostrar mi intención de visitar a este Quijote, que por un tiempo, cambió molinos y quesos por mezquitas y pistachos.

El trayecto no se me hizo especialmente largo, cuatro horas de escala en Estambul y ya me encontraba en la Gate con destino a Teherán. Observaba atentamente a cada una de las personas que viajaban a Irán ¿Serían de allí? ¿Irían de viaje como yo? Creo que era la única española, ¡y mujer! ¿En qué momento me tenía que poner el pañuelo? Minutos antes de aterrizar, tuve la respuesta a mi pregunta, era el momento de cubrirse la cabeza. Me vi obligada a hacer algo que había criticado en varias ocasiones si quería visitar el país. Tenía que tener cuidado también con mi forma de vestir. Llené mi maleta de camisas y chaquetas largas y fulares de colores. Maryam, la administrativa de la oficina comercial me prestó muy amablemente un mantó, una especie de batín negro larguísimo. Confieso que en un primer momento pensé que no me iba a hacer falta, pero lo cierto es que me lo puse en varias ocasiones. Es una prenda que no pesa nada y es muy cómoda. La temperatura durante el otoño varía mucho a lo largo del día. Por eso, el mantó se instaló en la mochila y nos acompañó en nuestra ruta por Irán.

Es difícil describir las primeras sensaciones al llegar a Teherán y durante los primeros días… porque lo que parecía un país lejano, desconocido, diferente, fue acercándose a mí los meses previos al viaje. En Febrero había estado visitando Estambul, una ciudad distinta a Teherán, pero que de algún modo puede servir de introducción a la cultura islámica.

Evidentemente, tuve mis primeros “uaaaauuu” o “uaaaalaaa” ¡Cuantas señoras con el chador!, ¡No hay cinturón en los taxis!, ¿Este agujero es el baño? ¿Y esta manguerita?,… por otra parte era “uaaaauuu” o “uaaaalaaa” ¡Las chicas van supermaquilladas!, ¡Algunas llevan el pañuelo tan caído que parecen que no lo llevan! ¡Jabón de manos en todos los baños! El país no era tan distinto del que esperaba, no hubo apenas “shock” y me adapté rápidamente.

En el taxi del aeropuerto a Teherán, “Luces de Neón” de Lori Meyers sonaba en mi cabeza Pero, ¿por qué ponen tantas luces de neón en los edificios, incluso en las mezquitas? Por suerte, y si te has informado algo sobre cultura iraní, enseguida descartarás que se trate de pubs, salas de fiestas o clubs… o incluso de que se hayan adelantado a la decoración navideña.

Teherán es una ciudad enorme, edificios altos, mucha contaminación, tráfico horrible… pero por otra parte se pueden encontrar sitios históricos como palacios, algunos museos interesantes y, por supuesto, bazares. Para comer hay una gran oferta de restaurantes, unos tradicionales y otros más modernos. Por suerte, también hay muchas zonas verdes dónde tomar un respiro.

En este sentido, Teherán no tiene nada que ver que con ciudades más pequeñas y tradicionales que visité, como Shiraz, Yazd o Isfahan donde irremediablemente te sentías forastero. Aunque éstas son de las ciudades más turísticas de Irán, aún se puede percibir la curiosidad de los locales cuando ven turistas por sus calles. 

Paseando por Shiraz o Yazd en especial, podías notar cada una de las miradas curiosas que te perseguían hasta perderte de vista. Al principio, siempre echaba mis manos a la cabeza para comprobar que mi pañuelo seguía en su sitio, pero más adelante comprobé que no era eso lo que llamaba la atención de la gente del lugar. Los más atrevidos te paraban para preguntarte de dónde eras, que hacías en Irán y sobretodo se interesaban mucho sobre nuestra opinión en relación al país.

Me sentí especial con todas y cada una de las personas desconocidas que fuimos encontrándonos, las cuales se mostraron siempre respetuosas y extremadamente amables y hospitalarias. Sin esperar nunca nada a cambio, te acompañaban a la calle que no encontrabas, te ayudaban en lo que podían y si podías entenderte con ellos y mantener una pequeña conversación agradable y sincera con algún comerciante, incluso te rebajaba lo que comprabas.  Aunque también hay que decir que algo diferente ocurre con los taxistas. El caso es que en ningún momento, y a pesar de estar de vacaciones, tuve la sensación de ser una turista más, todo lo contrario, me sentí huésped, bienvenida y afortunada.

Afortunada, porque en ocasiones se hace difícil la comunicación con los iraníes. Muchos no saben inglés y por suerte, Fer estaba a mi lado para solventar esas situaciones de misunderstanding y para acercarme más a su gente. Se maneja bien con el idioma, y yo diría que tiene algo más que un farsi de supervivencia, como él dice. Me quedé fascinada el primer día cuando le oí… ¡Estaba discutiendo en farsi con un taxista sobre la tarifa que le quería cobrar! ¡Asombroso!

Quedé impresionada con el arte islámico, con sus mezquitas gigantes y coloridas, preciosas. Lugares dónde se respira paz, calidez y que invitan a pensar.

Los bazares siguen conservando su autenticidad y son verdaderos centros de negocios dónde puedes encontrar de todo.

Estando en Irán, me ocurrió algo impensable en otras ciudades, me olvidé por completo de mi bolso, de si lo llevaba muy atrás, de si me podían robar… Fer cortó en seco mi neuroticismo el primer día cuando le dije: “¡No pierdas de vista la mochila!” y me contestó riendo: “¡Estamos en Irán, Piti!”.  No noté ni un ápice del “me están estafando” tan común cuando te encuentras en un lugar extranjero. Es más, incluso algún dependiente me ayudó a pagar la cuenta. Pagar en riales es un lío, todos los precios tienen muchos cientos y miles de riales, ¡y una no está acostumbrada a lidiar con semejantes cantidades de dinero!

Excepto en los trayectos de taxi y a la hora de cruzar las calles, me sentí segura en todo momento, pude ir tranquilamente sola. Durante los días que estuve en Irán, no viví ningún gesto de desprecio o subestimación hacia a la mujer, aunque todo hay que decirlo y cierto es que suelen dirigirse al hombre si vas acompañada. Es posible que sea algo que está cambiando en Irán y que haya mucho prejuicio al respecto. Aunque soy cauta con estas palabras, ya que sólo estuve diez días y puertas para adentro, no lo comprobé.

El único día que llovió fue en nuestro viaje a Necrópolis y Persépolis. La lluvia nos acompañaría durante toda la jornada. Mientras tanto, en el coche del guía sonaba Googoosh, una actriz y cantante iraní muy conocida. Al llegar a la famosas ruinas, monumentos increíbles se alzaban ante mis pies. Persépolis, la capital del antiguo imperio Persa, que empezó a construirse en el 512 a.C y siguió creciendo a lo largo de más de dos siglos. Impresionante residencia real, en la que hoy en día puede admirarse aun su grandeza, en cada una de sus puertas, columnas e inscripciones. Una experiencia única, y con un guía de lujo, solo para los dos.

Yazd es una de las ciudades más antiguas. Con su ciudad antigua de adobe y su tradición zoroastra aún presente, te transporta por un instante atrás en el tiempo. 

Isfahán es una ciudad muy bonita. Se trata de la ciudad más turística del país. De hecho, se la conoce como la ‘Barcelona de Irán’.  Nos alojamos en Dibai House, un lugar muy coqueto y acogedor. Las fotos hablan por sí solas.

Y lo que parecía un engorro, terminó por no molestarme en absoluto. No me importó tener que cubrirme con una ‘sábana’ para entrar en lugares sagrados y descubrí que haciéndote una coleta, era mucho más difícil que el pañuelo se resbalara, y si se me caía, alguien amablemente te lo indicaba. Dejó de preocuparme lo más mínimo, incluso con los amigos de Fer hacíamos bromas al respecto, ¿Que llevan debajo del pañuelo para que les abulte tanto? ¡Un gato! Lo cierto es que lo parecía, pero para nuestra sorpresa, más tarde descubrimos que se trataba de una especie de coletero que abultaba mucho, nada que ver con lo felino. La moda también tiene cabida entre las iraníes, puedes distinguir varias maneras de colocarse el pañuelo, incluso algunas adornan la frente con una especie de diadema,… eso sí, siempre respetando su código de vestimenta. Y evidentemente, los pañuelos, mantós, chaquetas largas… desaparecen en cualquier fiesta o reunión de amigos. También en Irán existen los escotes y las minifaldas.

No hay que olvidar las farsi chanclas. Las puedes encontrar en todos los hoteles, bazares e incluso oficinas… y si eres un poco curiosos te darás cuenta de que se trata de un accesorio muy socorrido, ya sea en verano o invierno, con o sin calcetines.

Si tuviera que destacar otra cosa que me gustó, sin duda sería la comida. ¡Muy sabrosa y sana! Todo tipo de Kebabs (carne a la brasa, no confundir con el kebab turco), arroz basmati, mast (diferentes crema de yogurt con pepino, ajo, berenjena, etc. para untar con pan), verduras asadas, mirza ghasemi y kashk-e badenjun (entrantes elaborados a base de berenjena) y el pollo con salsa fasenjun (elaborada con granada y aceite de nuez), aunque en apariencia no lo resulte, ¡es un plato exquisito!

También probé el Dizi, un cocido de carne de cordero y garbanzos, que se comía por separado, muy apetecible los días fríos de invierno. Lo más extraño que probamos fue una bebida llamada sharbat-e tokhme sharbati (chia seeds). Se trata de un aperitivo de textura ligeramente gelatinosa y transparente que contiene semillas flotando.

Nunca faltaban los dátiles y los dulces para acompañar los momentos del té. Y por su puesto, que mejor manera de relajarse que fumando una cachimba (shisha) en alguno de los restaurantes tradicionales.

 

Hace una semana que regresé a Barcelona. Los lugares que visité y algunos de los momentos que viví están ahí, en mis fotos. Algunos de los ricos dulces que probé, siguen en la cocina de mi piso.

Su gente y las personas que conocí siguen allí, aunque os aseguro que una parte de ellos se vino aquí conmigo porque están muy presentes en mis recuerdos. Desde el chico de la tienda que buscó a alguien entre sus clientes que hablara inglés para comunicarse conmigo, pasando por el que desinteresadamente te enseña su ciudad, por el comerciante que me enseñó como estampar las telas y decoró mi fular, el que me regaló un dibujo en miniatura, el chico que tenía una beca para estudiar música en el Liceu y le habían denegado el visado… hasta los amigos de Fer que se preocupaban por que estuviese bien y la inmensa ilusión y agradecimiento que Arvand y Azadeh me trasmitieron aquel día.

Y ahora, cuando pienso en Irán, ya no me hiela, me llena. Me desborda de buenas sensaciones, de recuerdos y de ti, que organizaste todo el viaje al detalle para que fuese así de especial.

Tu Dulcinea.

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8 pensamientos en “Irán sin chador | Descubriendo Irán en 10 días con iMMa

  1. UOOOO!! Me alegro que tuvieras un viaje genial acompañado de mi super primo Quijote persa! Ya nos queda poco para vernos y en navidad iros preparando para contarnos más batallitas! Un beso!! Fer, Imma NOS VEMOS EN NADA!

  2. Awnnnn Immi! me has dejado “speechless” y con alguna que otra lagrimilla. Que hermosa vivencia, a veces los prejuicios nos ciegan….Me alegra bastante que hayas podido vivir esta experiencia acompañada de tu Quijote!

  3. Enhorabuena una vez más por este blog!!!
    Leerlo antes de viajar al país es realmente emocionante; releerlo una vez has vuelto hace que te invada la mas dulce de las nostalgias.
    Espero que haya mas!

  4. Que maravilla de viajeros. cultos,sabios y humanos .
    Me alegra verte en toodos estos lugares que pase mi infancia y joventud y ahora casi desconocido de tanto no estar .Espero que la hospitalidad de mi gente te ha dejado una huella en tu corazon para siempre y que has podido ver la realidad oculta de Iran ( hoy transformada ) con lo que medios de comunicacion y politicos quieren que ves. Espero que has podido respirar el aire fresco del monte con tanto contaminacion .LAS NOCHES DE Tehran me traen nostalgias de musica baile , amores de joventud y todos aquellos amigos(as) que ya no……………………….

  5. Pingback: Falsos mitos y equivocaciones sobre Irán | Quijote Persa

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