Dulcinea y el Imperio Persa

Hay acontecimientos que, por su importancia, se fijan en el calendario para no olvidar. Eventos que, por su trascendencia, nos mantienen en vilo esperando que llegue la fecha como el agricultor que espera la lluvia de mayo.

Uno de estos acontecimientos,  el más importante desde que comenzó esta aventura persa,  ha sido la visita de Imma a Irán. El 31 de noviembre de 2012 tomaba el avión que me traería hasta Irán para comenzar esta experiencia vital. Un año después, estaba aquí disfrutando de la experiencia junto a ella.

Como Dulcinea para Don Quijote,  Imma ha sido el motor impulsor de todas mis aventuras durante esta experiencia por tierras persas y la persona a quien me he encomendado en los mejores y peores momentos. Ella me ha enseñado muchas cosas y me ha ayudado a crecer como persona. Este post está dedicado a Imma y a la importancia de los valores dentro de nuestra relación.

Desde el momento en que se hizo oficial la visita de Imma, comenzó la cuenta atrás… Todo debía de estar preparado para su llegada. La organización tenía que estar a la altura del evento.  Entonces, este Quijote se puso manos a la obra para planificar un viaje que tendría que ser especial.

Y llegó en momento. Aeropuerto Internacional Imam Khomeini de Teherán. En reloj marcaba las 4:30 de la madrugada y la figura de Imma aparecía por la escalera de llegadas, tras haber pasado el pertinente  control de pasaportes, con un pañuelo verde-turquesa y radiante pese a las horas de sueño y cansancio acumulado. El muro de cristal nos separaba y no pudimos hablar, solamente un intercambio de sonrisas.  En pocos minutos cogería su equipaje y por fin podríamos estar juntos de nuevo. Comenzaría así la aventura de este Quijote Persa con su Dulcinea.

Tras descansar unas horas, salimos a tomarle el pulso a Teherán. Por suerte era jueves y la actividad y el tráfico era menor y esto nos ayudaría para la primera toma de contacto. Visitamos la oficina comercial y después comimos en uno de los cafés snob de Teherán. Continuamos con la terapia de adaptación, ya habría tiempo para la inmersión y el shock cultural más adelante. Por la tarde visitamos el  Bazar de Tajrish, situado al norte de la ciudad, y para la cena fuimos a los restaurantes tradicionales de Darband, enclavados en plena montaña a 1900 metros acompañados de algunos amigos.

El segundo día seguimos por el norte de Teherán. Comida occidental, café y visitamos el museo del cine. Por la tarde iríamos al aeropuerto para coger el avión que nos llevaría a Shiraz. El vuelo doméstico transcurrió perfectamente, y no podía ser de otra forma pues íbamos bendecidos con la presencia de un Mulá sentado junto a nosotros. Una vez en Shiraz nos dirigimos al hotel y poco más por ese día.

El sábado, Shiraz nos dio los buenos días y tras el desayuno  en el hotel, nos fuimos a descubrir Shiraz, la ciudad de los poetas y las flores (en otro tiempo conocida como la ciudad de las mujeres y el vino).  Durante todo el día fuimos visitando mezquitas, jardines y palacios. Pero no solo descubriríamos monumentos durante estos días. También una multitud de personas y personajes entrañables que no olvidaremos y que hacen de Irán un lugar especial.  El pueblo iraní goza de una fama de hospitalario a la que realmente hace honor.  Citaré sólo a algunos de ellos pero todos formarán parte de nuestro recuerdo de este viaje.

En Shiraz, nos encontramos con un viejo profesor de inglés jubilado  que muy amablemente se ofreció para hacernos de guía al Mausoleo del Rey de la Luz. Nos llevó a visitar su oficina dentro del mausoleo (ahora trabaja como voluntario allí) y nos ofreció algo para beber y comer. Después de su ‘interrogatorio’ para conocer nuestras creencias, familia, proyectos de futuro… por fin conseguimos que nos enseñase el mausoleo por dentro y nos explicase algunas curiosidades. Tras esta interesante visita, seguimos con nuestra ruta por Shiraz que acabó a la noche en las tumbas de los adorados poetas Hafez y Sa’di.

El domingo, nuestro segundo día en Shiraz, teníamos programada la visita a las ruinas de Persépolis, la que fuese capital del antiguo Imperio Persa.  Como si de un mal sueño se tratase, nos despertamos con el estruendo de un trueno. No podía ser… llevaba sin llover desde mayo!!  Pues sí, el día amaneció lluvioso y sin visos de cambiar. Seguimos adelante con el plan establecido, y a las 8 emprendimos nuestro viaje a Persépolis en coche con nuestro guía.

La lluvia nos acompañó incesantemente durante toda la jornada. Pasamos de la manga corta al abrigo en 24 horas pero todo tiene su lado bueno, o al menos hay que buscárselo. Este día tan desapacible nos permitió disfrutar de lugares como la Necrópolis de Naqsh-e Rostam y Persépolis prácticamente sin gente. De regreso en Shiraz tuvimos que hacer tiempo para esperar el bus VIP que nos llevaría hasta Yazd al filo de la medianoche y estuvimos disfrutando de un té + cachimba en el patio del único hotel tradicional de Shiraz.

El lunes llegamos a Yazd con las primeras luces del alba. Decidimos que era mejor dormir un poco más y nada más entrar al hotel fuimos a dormir. Una vez despiertos y con las baterías cargadas, conocimos al que sería nuestro anfitrión en Yazd, el Sr. Mohammadi. Fuimos entonces a visitar el rancho de un amigo e incluso montamos a caballo. Más tarde fuimos hasta la ciudad de Meybod y escalamos hasta lo alto de castillo Narin. Allí contemplamos como  la luz del atardecer bañaba las casas de adobe que rodean el castillo. Por la noche, hicimos un paseo nocturno por la ciudad antigua de Yazd para terminar cenando un plato de carne de camello.

Nuestro segundo día en Yazd fue intenso. Por la mañana visitamos todos los puntos de interés de la ciudad y volvimos a visitar la ciudad antigua para apreciar su belleza con la luz del día. Calles estrechas con casas de adobe a uno y otro lado conforman esta ciudad antigua que sin duda es uno de los sitios más bonitos y mágicos de Irán.

Por la tarde volvimos a quedar con nuestro anfitrión que nos llevó a una casa iraní para comer con sus amigos. La comida fue espectacular y pudimos degustar una decena de platos típicos que la señora había cocinado durante todo el día  expresamente para nosotros. ¡Un lujo y todo riquísimo!  Al atardecer, emprendimos nuestro camino para llegar hasta Isfahán a última hora de noche.

Isfahán es sin duda la ciudad turística por excelencia de Irán. Tras descansar cómodamente y tomar un buen desayuno en el fantástico hotel tradicional Dibai House, salimos dispuestos a ver todo Isfahán en un día. Comenzamos por la Mezquita de los Viernes y desde allí recorrimos todo el bazar hasta llegar a la plaza Naghsh-i Jahan.  Sin palabras para describir esta plaza declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y que luce espléndida a cualquier hora del día. En esta plaza visitamos las Mezquitas Shah y Sheikh Lotfollah, el Palacio Ali Qapu y aprovechamos para comer en uno de los restaurantes tradicionales dentro del bazar que rodea toda la plaza.

Tras la parada para avituallar, nos fuimos hasta el Palacio Chehel Sotun (40 columnas) y después al barrio armenio de Jolfa. En este barrio se encuentra la Iglesia de Vank. Lugar de referencia para la comunidad cristiana armenia de Irán.  Ya con la noche encima, caminamos hasta la rivera del río Zayandeh  y cruzamos el más mítico de los puentes, el Pol-e Si-o-Seh, compuesto por 33 arcos y siempre frecuentado por iraníes que se reúnen aquí para charlar con los amigos. La tarde acabó con la compra de algunos suvenires en el bazar.

En una de esas tiendas fuimos a dar con un artesano que nos enseñó la técnica de la  estampación utilizada en los famosos textiles de Isfahán. Ya puestos, incluso le hizo unos estampados al pañuelo que llevaba Imma en ese momento.  Al salir de la tienda, conocimos a otro personaje que nos acompañó para comprar algunos objetos de artesanía típica. Antes de marchar para la estación, nos tomamos un té de los que esos días se reparten en muchos puestos religiosos con motivo de la conmemoración de Ashura, festividad religiosa para los musulmanes chiitas.

El jueves por la mañana ya estábamos de vuelta en Teherán. El tiempo había mejorado bastante pero la contaminación envolvía la ciudad estos días especialmente. Fuimos hasta el parque llamado ‘Agua y fuego’. Aprovechamos para  recorrer un mercadillo de artesanía y comer en el food court que hay dentro de parque. Esa noche, organizamos una pequeña reunión en casa con amigos para cenar juntos y tomar algo.

El viernes fue un día duro. Podría llamarlo de reflexión por definirlo de alguna manera.  Como decía al principio de esta entrada, hay acontecimientos que marcan el devenir de nuestras vidas. Algunos son planificados y otros llegan cuando menos te lo esperas. Sin embargo, de todos ellos tenemos que aprender y sacar la mejor lectura posible. En mi caso, sirvió para reafirmar los sentimientos de este Quijote hacía su Dulcinea.

Y hablando de Don Quijote y Dulcinea, me gustaría compartir la “Carta de Don Quijote a Dulcinea”. Uno de los más grandes poemas de amor y que aparece en la Gran Obra de Cervantes.

“Soberana y alta señora:

El herido de punta de ausencia, y el llagado de las telas del corazón, dulcísima Dulcinea del Toboso, te envía la salud que él no tiene. Si tu fermosura me desprecia, si tu valor no es en mi pro, si tus desdenes son en mi afincamiento, maguer que yo sea asaz de sufrido, mal podré sostenerme en esta cuita, que además de ser fuerte es muy duradera. Mi buen escudero Sancho te dará entera relación, ¡oh bella ingrata, amada enemiga mía!, del modo que por tu causa quedo. Si gustares de socorrerme, tuyo soy; y si no, haz lo que te viniere en gusto, que con acabar mi vida habré satisfecho a tu crueldad y a mi deseo.

Tuyo hasta la muerte,

El caballero de la triste figura”

Ya por la tarde,  tuvimos la oportunidad de  tomar un delicioso café con nuestra vecina y, por la noche, cenar junto a otros buenos amigos en un restaurante asiático para equilibrar así nuestra dieta de tantos platos tradicionales que llevábamos hasta entonces.

Y como toda historia tiene su final, el sábado entramos en el último día de este espectacular viaje. Bajamos al centro para visitar el Museo de las Joyas. Este museo, situado en el sótano del Banco Central, esconde uno de los mayores tesoros del mundo. Se puede admirar el diamante rosa más grande del mundo, conocido como Darya-i-Nur (182 Quilates) o un globo terrestre compuesto por 34 kilos de  oro, diamantes, esmeraldas, rubíes y zafiros. Una pena no poder echar nuestras propias fotos. Aquí conocimos a José, un aventurero valenciano que se decidió a viajar solo para conocer Irán durante una semana. Casualmente, regresaba en el mismo vuelo de Imma, así que volveríamos a verlo más tarde para cenar y en el aeropuerto.

De camino al centro, también hicimos una breve parada en la que fue la antigua embajada de EE.UU., ahora llamada ‘el nido de espionaje’. Este lugar es conocido por el gran público gracias a la película ARGO, ya que fue en este lugar donde se mantuvieron secuestrados durante 444 días a los empleados de la embajada americana. Este secuestro dio lugar al contencioso que aún a día de hoy mantienen las dos naciones.

De vuelta a casa, aprovechamos para unas últimas compras, un café y poco más. Fuimos a cenar a uno de los nuestros restaurantes favoritos para degustar la comida típica de norte de Irán y despedirnos de algunos amigos.

Cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos de nuevo en aeropuerto pero esta vez para despedirnos. El mayor acontecimiento del último año se terminaba. Por suerte, mi aventura quijotesca por tierras persas también está en su última etapa y espero que muy pronto podamos volver a disfrutar del encuentro entre el caballero de la triste figura y su Dulcinea. Quién sabe si quizá para no separarse en mucho tiempo pues ese es un capítulo que todavía está por escribir…

¡TE QUIERO iMMa!

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