Llegada a la cima | Pico Tochal 3962 m.

Después de unas vacaciones fantásticas en España, vuelta a Irán y vuelta  a la rutina teheraní. Poco ha cambiado  en estas semanas. Tampoco el cambio de presidente se deja notar en el día a día.

Así pues,  qué mejor forma de combatir la rutina que  un poquito de deporte y aventura.  Nuestro amigo brasileiro Rafael nos propuso  un nuevo reto: coronar el Pico Tochal. Casi 4000 metros de altura sobre el nivel del mar. Esta sería nuestra caminata más sería hasta el momento.  Aceptamos y ya no había marcha atrás…

Tochal es una de las montañas que forman la cordillera de los Montes Alborz. Es la más cercana a Teherán y el punto más alto se llama Pico Tochal (3.962 m). Tochal es una zona de recreo muy popular entre los habitantes de Teherán. Desde su base a 1.900 metros se puede disfrutar de tranquilos paseos con estupendas vistas  de la ciudad. Además de practicar varios deportes (tenis, fútbol, rocódromo, etc.),  se pude coger un telecabina que te lleva hasta la estación de esquí.  Probablemente una de las estaciones de esquí más altas del mundo. Como vimos en anteriores entradas, esquiar en Irán es muy popular.

Rutas Tochal

La empresa se presentaba complicada. Solamente Rafael, Gorka y yo nos presentamos en la ‘línea de salida’ a las 7:30. Comenzamos nuestra ascensión desde Darband (1.900 m) y pronto nos entremezclamos en la serpiente humana que forman los miles de teheraníes que cada viernes salen a recorrer las montañas.

Casi sin darnos cuenta llegamos al primer refugio situado a 2.300 metros. Primera parada para un breve avituallamiento y vuelta a la marcha. Ascendimos por una senda marcada por cuerdas que hacen a su vez de improvisadas barandillas. A nuestra derecha una impresionante cascada que aún en verano sigue vertiendo agua sin cesar.

Subiendo y subiendo nos encontramos con el refugio Shirpala, última oportunidad para comprar agua o algo de comida. A partir de ahí solo quedaba seguir la senda  que nos llevaría hasta la cumbre.

Cuánto más ascendíamos, la serpiente humana de montañistas improvisados iba menguando más y más. El aire comenzaba a ser más fresco y la vegetación desaparecía por completo dando paso a unas curiosas rocas de color verde azulado. En este tramo nos encontramos con un señor muy mayor, unos 70 años aproximadamente, que subía con ritmo lento pero constante ataviado con su sobrero de paja. El señor nos dijo que hace esta ruta cada viernes desde hace muchísimos años. Nos ofreció unas bolitas de queso ‘kask’ para que recuperásemos sales y nos despedimos de él para seguir avanzando sin prisa pero sin pausa.

Así, dale que te pego, hasta los 3.500 metros donde se puede encontrar un casa-refugio de piedra donde aprovechamos para avituallar. No podíamos parar demasiado y una vez comimos algo emprendimos el que sería el último tramo y a la postre el más duro. Aquí nos dimos cuenta de lo introspectivo que puede llegar a convertirse este deporte. Tú, la montaña y tú. Ninguno de los tres hablábamos. La altura hacía mella en nuestra respiración y cada cual trataba de encontrar su ritmo. El viento era cada vez más frío y más molesto. Los músculos, cansados de tanta tralla se quejaban a su manera (gemelos, rodillas, brazos, cada vez más músculos se unían a esta queja).

Ya queda menos....

Ya queda menos….

Al fondo ya podíamos ver la cima. Un pequeño refugio y un observatorio geofísico era todo lo que íbamos a encontrar a nuestra llegada. Pero para eso todavía quedaba sufrir un poco más… paso a paso avanzábamos y solo el amor propio salteado un una pizca de orgullo nos hacía seguir hacia la meta.  A Las 14:00 por fin llegamos a la cima. 3.962 metros según el cartelito oficial. Saludamos al resto de aventureros y tras volver a comer, nos quedamos vencidos al sol durmiendo una pequeña siesta reparadora.

.. y para reponer fuerzas

.. y para reponer fuerzas

Después de la siesta se supone que nos quedaba lo más fácil… el descenso. Según decía Gorka: “Cuesta abajo hasta la mierda resbala”,  pero las fuerzas ya flaqueaban y nos encontramos con un imprevisto. La idea era hacer el descenso en el Telecabin y nuestro gozo en un pozo cuando vimos que el Telecabin no estaba en funcionamiento en la estación 7. No quedaba otra que seguir bajando hasta la estación 5.

Bajada Tochal

Bajada Tochal

De pronto otro enemigo se nos cruzó en nuestro camino, el tiempo. Quedaba una hora para que cerrasen el Telecabin. Gorka tiró de pedigree euskaldun y comenzamos a bajar a todo trapo. Si dura fue la subida, que le pregunten  a nuestras rodillas y dedos gordos del pie qué les pareció la bajada…  800 metros por hora  y llegada justo a tiempo para poder descender hasta la estación 1 en el Telecabin.

Aunque nuestro sufrimiento físico se acabó una vez subidos al Telecabin, no dejaba de ser éste un deporte de riesgo. Basta una mirada al mencionado Telecabin para ver que no estábamos ante una instalación de última generación. Abierto al público en 1978, el Telecabin de Tochal es uno de los más largos del mundo con 7,5 km que van desde los 1900 metros de altura de la Estación 1 hasta los 3740 metros de la estación 7.

Telecabina Tochal

Telecabina Tochal

Después de unos 20 minutos de trayecto llegamos a tierra sanos y salvos. Muy cansados, pero contentos de haber superado nuestro reto. Nuestra recompensa fueron unas cervecitas fresquitas y comida en casa de Rafael. Ahora sólo queda pensar en el siguiente reto…

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