Senderismo | Las piscinas naturales

Hace meses que no nos calzábamos las botas de trekking y ya tocaba. Además, la salida de este sábado prometía ser de  las buenas. Con las altas temperaturas de los últimos días en Teherán, la ruta propuesta nos llevaría a más de 2500 metros  y tenía el aliciente de encontrar unas piscinas naturales donde podríamos refrescarnos.

A las 7:30 estábamos saliendo de casa para dirigirnos al punto de salida y el termómetro ya marcaba los 30º… Menos mal que con la altura la temperatura suavizaría después para hacernos más agradable la excursión.

La expedición compuesta por dos brasileños, un polaco, un americano-iraní y dos españoles iniciaba la ruta desde Darabad, punto de partida al noreste de Teherán para adentrarnos en los Montes Alborz. Dada la temperatura y como no esperábamos encontrarnos mucha gente, decidimos saltarnos la Ley y salimos en pantalones cortos (delito grave en Irán…). Ya echaba de menos esa sensación de libertad y ‘frejquete’ por la pantorrilla 🙂

Expedición Trekking Damabad - Piscinas

Expedición Trekking Damabad – Piscinas

Comenzamos la ascensión  dejando atrás Teherán y su capa de contaminación para avanzar hacia en el interior de la montaña. La dificultad de la ruta era media-alta y ya en las primeras rampas comenzamos a sudar… Afortunadamente, nuestro experto brasileño trajo bastones de sobra y eso nos ayudó para evitar más de una caída y aprovechar al máximo el esfuerzo.

Subida por Damabad -Teherán al fondo

Subida por Damabad -Teherán al fondo

Tras varios kilómetros por senderos pedregosos, paradas técnicas y avituallamientos, por fin encontramos la tan ansiada recompensa para nuestro esfuerzo.  Como si de un oasis se tratase, un riachuelo de agua fresca y cristalina brotaba desde las entrañas de la tierra. Seguimos el riachuelo y pronto dimos con la primera de las piscinas. Con poca profundidad, pero suficiente para refrescarse y tomarse un respiro antes de seguir con la marcha.

Primera piscina natural

Primera piscina natural

Pocos metros más abajo encontramos ‘la poza’. Un capricho de la madre naturaleza con agua transparente que caía desde una pequeña cascada y que después de atravesar esta piscina seguía su curso riachuelo abajo.  Ésta si que era bastante profunda, así que disfrutamos como unos niños haciendo bombas.

Un gran descubrimiento y una buena forma de aprovechar un sábado veraniego en Teherán. Espero que podamos volver pronto  para no perder las buenas costumbres y  disfrutar de un bañito para sofocar el calor teheraní.

Fotos: Sergio Álvarez ©

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