La montaña a dos pasos de Teherán

Afortunadamente, la Madre Naturaleza no entiende de ideologías políticas, religiones, ni de conflictos entre países. Parece mentira que a pocos kilómetros de Teherán, una de las ciudades más contaminadas del mundo, se puedan encontrar rincones increíbles, donde la palabra Naturaleza se hace patente en el más amplio sentido de la palabra.

Hemos aprovechado este sábado, Día de la Inmaculada (¡felicidades a ‘mis inmas’!), para realizar nuestra segunda salida a la Montaña. Hace unas semanas, hicimos nuestra primera ruta por Darakeh. Esta vez, cogimos la ruta que comienza en Darband y, atravesando Pas Qaleh comenzamos la ascensión con la referencia del pico Tochal siempre al fondo.

Esta segunda ruta tiene más dificultad técnica y el recorrido pica hacia arriba desde el principio. La primera parte de la ruta es similar a Darakeh, encontramos restaurantes a un lado y otro del recorrido. Aún era pronto para comer pero muchos grupos de jóvenes se reunían en estos lugares para tomar té y fumar shisa. Durante el recorrido pudimos volver a ver varias parejas paseando (parece que es muy popular entre las parejas salir a la montaña y perderse por algún sendero vete tú a saber para hacer el qué…)

A mitad del recorrido nos encontramos con otra de la estampa que más llamó nuestra atención en la primera ruta. Aquí de nuevo nos cruzamos con muchos burros (de cuatro patas). Los burros son utilizados como porteadores para subir y bajar agua, bombonas de gas, alimentos y hasta sacos de arena para las pequeñas obras. Y es que no hay otro medio de transporte posible dada la orografía del terreno.

Otra agradable sorpresa fue poder disfrutar de la nieve. A partir de los 2200 metros ya nos acompañaba en nuestro camino. No sé si sería la altura o el cansancio pero notábamos que nos costaba respirar a medida que íbamos ascendiendo. Desde esa altura disponíamos ya de unas vistas privilegiadas. Se podía adivinar la inmensa ciudad a los pies de la montaña, lástima que la capa de contaminación que la cubre nos impidiese apreciar mejor toda su dimensión. Es impresionante ver como el azul del cielo sobre la montaña se convierte en una capa marrón que lo cubre todo sobre Teherán.

Al final de nuestro recorrido llegamos hasta lo que parecía ser un refugio de montaña. Una señal nos indicaba que estábamos a 2.381 metros de altura. Como estaba cerrado a cal y canto nos dedicamos a sacar unas fotos de las preciosas cascadas que bajaban de la parte más alta de la montaña. El próximo día intentaremos madrugar más para llegar hasta el nacimiento de las cascadas y que no se nos haga de noche a la vuelta.

A la vuelta, paramos en uno de esos restaurantes que había al principio del recorrido para reponer fuerzas. Para no perder las buenas pedimos el típico kebab acompañado de tomate, zanahoria y remolacha, con su arroz y yogurt. Nos hidratamos con una especie de ‘shandy’ sin alcohol (of course) y disfrutamos de la grata compañía de unos gatetes, que esperaban expectantes nuestra compasión.

Mientras me pasan las fotos de la ‘cámara buena’, subiré algunas hechas con el móvil. ¡Espero que os gusten!

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